La ansiedad por la salud, también conocida como hipocondría, se basa en la creencia de que se padece una o más enfermedades graves que acaban con la muerte. Por ejemplo a enfermedades como el cáncer, SIDA o problemas cardíacos. La enfermedad que se teme es siempre la misma o bien varias que se van alternando.

Qué piensa y qué hace una persona con ansiedad por la salud

A lo largo del día, la persona percibe pensamientos del tipo “Tengo un tumor” o “Me pasa algo grave”. Además, los pensamientos también giran en torno al momento en que supuestamente recibirán el diagnóstico de dicha enfermedad, piensan que el tratamiento que les propondrán no será efectivo y que el curso de la enfermedad les deteriorará hasta la muerte. Todos estos pensamientos pueden ir acompañados de imágenes.

Cuando estos pensamientos aparecen también lo hace la ansiedad. Así que tras pensar “Esta mancha no es normal” vienen las sensaciones propias de la ansiedad como la taquicardia, la boca seca, el calor, la tensión muscular, entre otras. Esto quiere decir que cada vez que la persona piensa que le ocurre algo malo la ansiedad aumenta, pero luego disminuye a corto plazo porque la persona hace cosas para comprobar si está enferma. Ahí la ansiedad nos ha tendido una trampa.

Una persona con ansiedad por la salud está excesivamente atenta para detectar los síntomas de la enfermedad que piensa que padece. Por lo tanto, y dependiendo de la enfermedad, puede revisar manchas de la piel, tocar partes del cuerpo en busca de bultos, tomarse el pulso o mirarse la garganta.

Otra forma de bajar la ansiedad suele ser preguntar y buscar información sobre la enfermedad en cuestión. Preguntan a familiares y amigos pero también a profesionales de la medicina. Buscan información en internet o libros especializados para dar respuesta a esa pregunta: ¿Tendré cáncer?

Por otra parte, y de forma paradójica, evitan los hospitales, las revistas o programas de televisión que contengan información médica. También evitan actividades que implican esfuerzos físicos como practicar deporte, ya que piensan que les hacen perder energías.

Como hemos comentado, estas personas están muy centradas en sus sensaciones internas. Hablamos de las sensaciones que se producen en nuestro organismo cuando hacemos la digestión o estamos cansados; pero también las sensaciones características de la ansiedad y las que provocan las propias comprobaciones.

Aclararemos estas últimas con un ejemplo. Si me toco una parte del cuerpo en busca de bultos en él y lo hago de forma repetida a lo largo del día, acabaré provocando una inflamación, unas marcas o incluso dolor en la zona. Estas sensaciones aparecen precisamente porque he realizado la exploración.

Toda esta comprobación no es más que una trampa que nos tiende la propia ansiedad, evitamos malestar a corto plazo pero a largo plazo no hace más que mantener el problema. El proceso mental de que esa mancha es igual a cáncer se hace más automático y además, no se comprueba que realmente esa mancha o ese bulto son normales.

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