Existen edades en las que todos los niños tienen miedo a algo. Los conocemos como miedos evolutivos. Todos hemos tenido miedo a los desconocidos y  a la oscuridad a edades tempranas. Y no es casualidad. Tampoco se debe a malas experiencias que nos hayan provocado el miedo a los extraños o a los ruidos fuertes, como los rayos. Se trata de miedos que vienen con nosotros desde el momento de nuestro nacimiento, están codificados en nuestro ADN, transmitidos de generación en generación.

Y nos preguntaremos, ¿por qué querríamos que esos miedos se transmitieran de padres a hijos? La respuesta la encontramos, como tantas otras veces, en la selección natural. Si esa información genética sigue transmitiéndose es porque resulta útil. Que nuestro hijo o sobrino de 1 año tenga miedo a personas que no le son familiares impide que se vaya con el primero que le tiende la mano.

Por otra parte, estos miedos desaparecen a medida que transcurren los años de forma espontánea, es decir, sin que tengamos que hacer nada.

Miedos evolutivos

Como venimos diciendo, a ciertas edades todos los niños tienen miedo a ciertas cosas y no debemos alarmarnos, pues forma parte del desarrollo normal del niño. Veamos algunos ejemplos. En los primeros 6 meses de vida los bebés reaccionan con miedo ante ruidos fuertes. A partir de estos 6 meses hasta cumplir el año temen a los extraños. A los 12 meses tienen miedo a las cosas nuevas. Ya a los 4 años encontramos el miedo a la oscuridad, a las pesadillas, los seres imaginarios y a estar solos. De los 6 a los 8 años perdura el miedo a estar solos y a los seres imaginarios y se incorporan el miedo a las tormentas y a ir al colegio. Por último, de los 9 a los 12 años, donde persiste el temor a acudir al colegio, encontramos también miedos relacionados con el aspecto físico, las relaciones sociales y la muerte.

Fobias infantiles

Cuando estos miedos no desaparecen con el tiempo o bien el miedo que siente el niño es desproporcionado e interfiere en su vida diaria, hablamos de una fobia. Los tipos de fobia más habituales en niños son a los animales, la oscuridad y a situaciones u objetos relacionados con el colegio. En esta última categoría el miedo puede estar relacionado con el aula en sí, con un profesor o asignatura determinada, pero también con la realización de una actividad concreta como hablar delante de la clase, practicar deporte o comer en el comedor del colegio.

La reacción de miedo en los niños se manifiesta en llanto, berrinches, ganas de abrazar o quedarse paralizado. Al contrario de lo que ocurre en los adultos, los niños pueden no saber que su miedo es excesivo o irracional. Pero, al igual que los adultos, evitan estas situaciones que les provocan miedo y si no pueden evitarlas las viven con un malestar intenso.

En conclusión, las fobias infantiles tienen características diferentes a las de un adulto. Pero tenemos buenas noticias. La terapia psicológica es igual de efectiva en los casos infantiles.

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