Junio, pestañeas, septiembre. Siempre se ha dicho que cuando disfrutas, el tiempo pasa volando, y en verano, mucho más. Inevitablemente septiembre llegó y lo identificamos por ciertas señales: Los fascículos de «dedales de colección» y los artículos sobre depresión post-vacacional o vuelta al cole.Unos auténticos clásicos del mes. Nosotros, los psicólogos, no íbamos a ser menos: trataremos de separar el mito de la realidad mientras os damos las claves para un buen aterrizaje en el nuevo curso.

¿Existe la depresión post-vacacional?

Sí y no. Lo que popularmente se conoce como depresión post-vacacional no es una depresión propiamente dicha. Es un bajada del estado de ánimo debida a los cambios en nuestra vida que interpretamos como negativos, realmente es un esfuerzo volver a la rutina.
Es un fenómeno normal que explica por qué estamos decaídos los primeros días . Para hacernos una idea, es una versión a gran escala de esa apatía y malestar que muchos experimentamos el domingo por la tarde o el lunes a primera hora.

Para hablar de depresión, los síntomas tendrían que ser mayores en intensidad y mucho más duraderos, al menos durante 6 meses. Se trata de un cambio tan drástico que los que la sufren son incapaces de levantarse de la cama o realizar actividades simples de la vida cotidiana como, por ejemplo, acudir a trabajar. Paradójicamente, los síntomas puros de depresión los encontramos, cada vez más, en personas en paro cuya situación es realmente difícil.

La existencia del término depresión post-vacacional responde mejor a la reciente obsesión por etiquetar y poner nombre a cualquier fenómeno que, además, sirva para rellenar los informativos de TV en verano, a falta de mejores noticias.

Recomendaciones: hijos y alimentación.

Alimentación y psicología van de la mano en la mayoría de casos, por ello os recomendamos seguir estas útiles pautas. En verano se descuida un poco la alimentación en cuestión de carga calórica y horarios, comemos más fuera de casa y nos permitimos caprichos como helados, tapas, cervezas con mayor frecuencia de lo habitual, volver a las costumbres pre-estivales nos ayudará mucho..

Para que nuestro organismo se adapte lo mejor posible, volveremos a un horario rutinario respetando la regla de las 5 comidas al día. Para un mejor equilibrio el 50% de las calorías que ingerimos diariamente debería repartirse entre el desayuno y la comida.

Rutina para niños y adolescentes

Volvemos a clase y nuestras mejores armas para combatir el nuevo curso son: papel, boli y un poco de ingenio:

Confeccionar un horario
Nos da seguridad a los padres pero en mayor parte a los más jovenes. Si lo empezamos a aplicar un poco antes de la vuelta al cole, de forma gradual, el cambio será menos brusco.Especial atención con los horarios para usar las nuevas tecnologías y las redes sociales. Será positivo limitar el horario (1,5 h al día como mucho) si no ha habido límite en verano o si éste ha sido generoso. Mini-punto para los padres que han controlado el horario incluso en verano.

Establecer pautas de comunicación
Sobretodo en adolescentes, conversar sobre cómo ha ido el día en la nueva clase o con nuevos compañeros será un primer paso hacia una comunicación padres-hijos fluida.

Hasta aquí nuestra aportación. Esperamos que nuestras palabras hayan servido para despejar dudas y aligerar la carga del día a día a muchos de vosotros. Si tenéis alguna duda o queréis que tratemos algún tema en especial podéis enviarnos un mail a info@somterapia.es

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