Brian Wansink, director del Cornell University Food and Brand Lab, y su equipo han realizado estudios sobre las diferencias conductuales entre la gente saludable y la no saludable – más específicamente, qué es diferente en los entornos en los que viven y provoca diferencias en el tamaño de sus cinturas. En una entrevista Wansink dijo “Mi última investigación ha descubierto maneras sutiles de alterar nuestras casas, lugares de trabajo, colegios, restaurantes y tiendas de alimentación para que, sin darnos cuenta, comamos menos en lugar de más”.
Cuando habla de comer sin darnos cuenta se refiere a que podemos alterar sutilmente elementos de nuestro entorno para, automáticamente, comer de forma que perdamos peso y estar más sanos en general.

El color de la vajilla

En un estudio, él y su equipo querían descubrir si el color de un plato influiría en el número de calorías ingeridas en una comida. Invitaron a sesenta personas a una comida gratuita de pasta y les dieron a elegir un plato rojo o blanco. La mitad de la gente fue guiada al buffet de pasta marinera (con salsa roja), la otra mitad al buffet de pasta Alfredo (con salsa blanca). Los investigadores pesaron furtivamente los platos de cada persona después de que se sirvieran y encontraron que aquellos cuyo color del plato coincidía con el color de la pasta se sirvieron un 18% más de calorías que aquellos cuyos platos contrastaban con el color de la comida.
Este es el tipo de truco sencillo que podemos utilizar en nuestras casas para cambiar la forma en que comemos. ¿Estás intentando rebajar la cantidad de comida con almidón (blanca) que tú y tu familia ingerís? Compra un set de platos oscuros y deja que el truco actúe por su cuenta.

som terapia plato rojo

Dónde colocar la comida

Este es otro de los trucos de los que habla Wansink: echa un buen vistazo a las encimeras de tu cocina y fíjate en cuántas bolsas y paquetes de snacks tienes apilados. Su equipo descubrió que las personas que viven en casas con bolsas de papas abiertas y cajas de cereales abiertos sobre las encimeras pesaban significativamente más que aquellos que guardan estos alimentos fuera de la vista. Este resultado sigue siendo cierto incluso cuando la cantidad de snacks en las casas es exactamente la misma. Es una cuestión de emplazamiento – si los alimentos están a la vista, te verás tentado a comer más y, de acuerdo con la investigación de Wansink, harás justamente eso.
“Si buscas bajar algo de peso, guardar los snacks y los cereales no garantiza que las cosas cambien de la noche a la mañana, pero puede inclinar la balanza en la dirección correcta”.
Un principio similar se aplica al emplazamiento de los alimentos en las comidas. Su equipo descubrió que las familias que colocaban los elementos de la cena en el fogón o en la encimera, en contraste con los que los colocaban en la mesa, comían un 19% menos por comida. El simple acto de hacer que las personas tengan que levantarse para servirse en lugar de tener la comida al alcance de la mano reduce la cantidad que va a la boca.
Este truco puede funcionar en el sentido contrario para cosas que nos gustaría comer más, como ensaladas y platos vegetales. Colocarlos en la mesa nos animará a comer calorías saludables sin darnos cuenta.

Comer fuera

La investigación abarca también comer fuera de casa. No importa lo hábilmente que manejemos nuestro entorno, ir a restaurantes un par de veces a la semana puede llevarnos a comer en exceso y deshacer nuestros logros. La investigación en esta área está todavía en proceso, pero su equipo ya ha hecho interesantes hallazgos: “Parece que la gente pide comida más saludable si se sientan junto a una ventana o en una zona bien iluminada del restaurante”.
Otros descubrimientos incluyen: es menos probable que pida ensalada y más probable que pida postre la gente que se sienta lo más lejos posible de la puerta principal del restaurante. Cuanto más cerca te sientes de la televisión, más probable es que pidas comida frita.
Todo esto suena sorprendente, pero si hay algo que nos ha enseñado la psicología conductual es que somos muy susceptibles a las influencias ambientales. Lo que la investigación de Wansink nos dice es que cuanto más entendamos cómo nos influyen, más cambios sutiles podremos hacer en nuestras vidas para cambiar los resultados.

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