A muchos niños se les hace cuesta arriba la asignatura de matemáticas y, especialmente, saberse de memoria las tablas de multiplicar. Tan necesarias como son para resolver problemas mediante multiplicaciones o divisiones, en los libros y en la vida diaria, no pueden permitirse no aprenderlas. Y ya sabemos lo poco que les gusta sentarse a memorizar. Los padres prueban de todo: cantar las tablas, hacer multiplicaciones todos los días, comprar cuadernillos para rellenar las tablas y operar, vídeos explicativos en Youtube, ejercicios interactivos…Todo ello es genial. Todo material de apoyo que ayude a comprender un concepto y a interiorizarlo es de gran ayuda. Y si les entretiene mucho mejor, ya que estar motivado para hacer algo nos hace estar más atentos y, por lo tanto, a aprenderlo más rápido y mejor.
Hoy, desde Som Teràpia, os planteamos una forma divertida de aprender las tablas de multiplicar. Queremos que jueguen, que manipulen, que se muevan, que hablen y que aprendan.

Números y colores

Reúne cartulinas de colores, rotuladores, tijeras y tiempo para dedicarle a tu hijo (¡que no siempre es fácil!). Pregúntale a tu hijo qué color prefiere para cada tabla de multiplicar. Imaginemos que ha elegido el verde para la tabla del 2. Recortad 20 rectángulos y anotad las multiplicaciones y los resultados por separado. Por ejemplo, escribiréis “2×1” en una ficha y “2” en otra ficha. Así hasta “2×10” y “20”. Lo mismo lo haremos con todas las tablas en el color elegido por nuestro pequeño estudiante. Si vais cortos de tiempo, no es necesario que hagáis todas las tablas el mismo día, solo aquellas que queráis empezar a trabajar.

¡A jugar!

Una vez tenemos las fichas, podemos empezar a jugar. Elige una superficie sobre la que puedas desplegarlas, como una mesa o una alfombra. Colócalas desordenadas boca arriba y dile a tu pequeño: “Haz las parejas lo más rápido que puedas y, cada vez que hagas una pareja, tienes que decir la multiplicación en voz alta y colocar las fichas aquí. ¡Empieza!”. Puedes cronometrarle para que vea que cada vez lo hace en menos tiempo. También podéis competir a ver quién tarda menos en hacer las parejas o invitar a otro miembro de la familia.
Si se inquieta estando sentado y ves que necesita moverse, tenemos otra opción. Coloca las fichas desordenadas por toda la habitación: encima de muebles, debajo de un cojín, por el sofá… Si tienes tiempo y le gusta, puedes esconderlas, pero no es necesario, el objetivo es que empareje las multiplicaciones y sus resultados y, cuando lo haga, que las diga en voz alta.
El clásico juego de memoria es otra forma de jugar con estas tarjetas. Colócalas sobre la mesa boca abajo. Por turnos, levantáis dos tarjetas y, cada vez que uno consigue una pareja, dice la multiplicación en voz alta. Cómo no, gana el que más parejas consigue.
Estas son nuestras propuestas de hoy, seguro que se os ocurren muchas más alternativas para jugar con estas fichas, aprovechad esa creatividad y convertid el tiempo de estudio con vuestro hijo en algo que os una.

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