Existen varios tipos de atención, pero esta vez nos centraremos en la atención selectiva (atender a una tarea sin distraernos) y en la atención sostenida (mantener la atención en una tarea durante un rato).
Haber desarrollado estos dos tipos de atención es necesario para hacer tareas de todo tipo: académicas, laborales y cotidianas. Cuanto menos nos distraigamos más rápido (y con menos errores) finalizaremos un objetivo. Entrenar nuestra atención es una buena forma de optimizar nuestro tiempo, ¿no os parece?

Atención selectiva

  1. Buscar las diferencias. Sí, algo tan clásico como esto hace que dirijamos toda nuestra atención a los dibujos y nos obliga a dejar a un lado el resto de cosas si queremos tener éxito. Esta tarea les resulta especialmente divertida a los niños, pero su utilidad es la misma en los adultos, siempre y cuando sea un reto. ¡Si es muy fácil no hará que nos esforcemos! Ya sabemos que internet es una fuente de recursos y podemos encontrar este tipo de entretenimiento, para todas las edades, que nos ayudará a mejorar nuestra atención selectiva.
  2.  Buscar una letra o una figura entre varias parecidas. Por ejemplo, buscar una p o un triángulo igual al modelo. Podemos aumentar la dificultad haciendo que los elementos distractores sean cada vez más parecidos al que tenemos que buscar.
  3. Buscar una letra en un texto. Marcaremos la letra cada vez que aparezca en un texto. Cualquiera nos vale: un folleto, un periódico, una fotocopia de una página de un libro, una revista.
  4. Corregir un texto mal escrito. Nuevamente, internet es nuestro aliado. Si se trata de un niño podemos elaborar nosotros mismos el texto con faltas de ortografía que el pequeño tendrá que localizar y, si sabe, corregir.
  5. Sopas de letras. Otro clásico de las horas muertas. Para entrenar la atención tendremos que aprender a rastrear las palabras de izquierda a derecha y de arriba abajo.

Som teràpia atención

 

Atención sostenida

  1. Laberintos. Son tareas monótonas que no nos morimos por hacer y nos ayudan a mejorar nuestra habilidad de mantenernos atentos ante cosas que no nos entusiasman: una clase aburrida, una conversación necesaria pero tediosa, reuniones en las que parece que solo hablan los demás…
  2.  Escribir repetidamente una serie de números. Por ejemplo, escribir del número 0 al 200. Esto tampoco entusiasma, ¿verdad? Si nos encantara no nos costaría prestarle atención y no serviría para entrenarla.
  3. Marcar una letra en un texto en un tiempo determinado. Escogemos un texto y nos marcamos un tiempo. El primer intento servirá de referencia para saber qué tiempo establecer en las siguientes rondas.
  4.  Juego de las bolas. Reunimos objetos pequeños de colores diferentes (cuentas, canicas, bolas de papel…) y un recipiente grande donde ir metiéndolos siguiendo una secuencia. Un ejemplo sería: bola blanca, bola azul, bola roja y, cada tres veces que hacemos esto, metemos una bola negra y una rosa.
  5.  Subrayar palabras que empiecen por una determinada letra. Por ejemplo, subrayaremos con boli azul las que empiecen por T y con boli rojo las que empiecen por M.

Los adultos subimos el nivel de las pruebas, los niños juegan y reciben nuestros cumplidos cada vez que lo hacen bien. Cualquiera puede hacer estos ejercicios, tenga o no un problema de atención.

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