Porque lo ha aprendido así. Desde pequeños aprendemos qué comportamientos nos resultan útiles para conseguir lo que queremos.

Un ejemplo con animales

Imaginemos a dos personas, Pablo y Diana, que tienen perros como mascota. Cada uno de ellos reacciona de forma diferente ante lo que hace su animal. Por ejemplo, cuando está comiendo, Pablo no permite que su perro suba a la mesa ni que coma de la comida que hay en los platos, ya sea dándole órdenes o poniendo una barrera con sus brazos. Esto es así desde que su perro era un cachorro así que, hoy en día Pablo no necesita darle órdenes, porque su perro ya sabe que es inútil que intente comer del plato de la mesa. Ya ha aprendido que esta no es la forma de alimentarse, sino de su propio cuenco a las horas quedetermina su dueño.

Veamos ahora cómo actúa Diana y las diferencias que conlleva en el comportamiento de su mascota. A la hora de comer, el animal intenta acceder a la comida saltando de la silla a la mesa. Diana está ocupada en sus quehaceres y suelta alguna orden a su perro, que no obedece, y su dueña, cansada, continua con sus tareas. Cuando ella se sienta a la mesa, baja al perro al suelo, pero mirando esa carita tan mona, no puede evitar darle algún trozo de su comida. Este intento de poner unas normas ocurre desde que era un cachorro. De esta manera, ha aprendido que subiendo a la mesa cuando Diana se dispone a comer consiguese porta mal perro comida. Aunque ella pretende que su mascota no coma de la mesa, sus esfuerzos no son lo suficientemente constantes y acaba dándole un premio (la comida de la mesa) por un comportamiento que realmente no quiere que haga su perro (subir a la mesa e intentar comer de esa comida).

En conclusión, son las reacciones de los amos lo que determina la conducta que tendrán los cachorros a largo plazo. Por supuesto, al principio supone una inversión importante de tiempo y esfuerzo, para que, a largo plazo, la relación amo- mascota esté equilibrada.

Niños y adolescentes

Al igual que ocurre en los casos anteriores, los humanos aprendemos según las consecuencias de nuestros actos, en función de si son positivas o negativas para nosotros.

Trasladémonos a la típica situación en que unos padres caminan por la calle con su hijo de 8 años y este ve algo que le gusta en una tienda. Inmediatamente pide a sus padres que le compren ese juguete tan fantástico, a lo que sus padres se niegan. Como esta situación se ha dado más veces antes, el niño sabe que, si insiste, sus padres cederán, ya sea por cansancio, pena o vergüenza. Así pues, nuestra inteligente criatura se dispone a berrear, soltar unas lágrimas e incluso lanzarse al suelo a patalear. Tras esto, y como el niño ha predicho, los padres entran en la tienda y le compran su juguete. Finalmente, el pequeño consigue lo que quería con un comportamiento que sabe que funciona y que no dudará en usar en el futuro en una situación similar.

Este mecanismo es aplicable a multitud de conductas que aprenden niños y adolescentes: dependiendo de la reacción de los padres sabrán si esa conducta les sirve para alcanzar su objetivo (horas de uso del móvil/ordenador, salir con los amigos, hacer los deberes, comprar ropa…)

El problema les surge a estos padres cada vez que su hijo quiere que le compren algo.

se porta mal peluchePor lo tanto, cada vez tendrán que demostrarle que no se lo van a comprar (ya sea por motivos económicos, para educarle en autocontrol, porque se ha portado mal esa mañana y no merece un premio…). Tras unas cuantas veces, el niño aprenderá que el juguete llega cuando lo deciden sus padres (como premio a un comportamiento positivo, por ejemplo) y no cuando lo decide él.

Nuevamente, estamos hablando de un esfuerzo diario, puesto que nadie aprende nada de un día para otro. El aprendizaje es un proceso durante el cual padres e hijos se esfuerzan por cambiar para conseguir una relación que beneficia a ambas partes. ¿A quién le gusta enfadarse con sus hijos? ¿A qué hijo no le molesta que le riñan sus padres? Poniendo empeño durante un tiempo conseguimos una mejor relación para el resto de nuestras vidas.

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