Nuestras vidas están repletas de acontecimientos positivos y negativos. Los seres humanos somos capaces de hacer frente a multitud de dificultades, somos resistentes y contamos con muchos recursos para superar eventos estresantes como enfermedades, separaciones, problemas económicos, muertes… Sin embargo, la forma en que reaccionamos varía de una persona a otra, por eso, hay personas que ante un trauma desarrollan problemas psicológicos (como depresión o TEPT) al verse superados por lo ocurrido y no saber adaptarse a la nueva situación.

Las fases del duelo

Ante el fallecimiento de un ser querido, aparecen la tristeza, el dolor y la pena, así como cambios en el sueño y el apetito. En ocasiones, se les une la culpa (“Podría haber hecho…”) y/o el alivio al dejar de cuidar o al desaparecer una relación insana.

El proceso de duelo normal nos lleva por diferentes fases que van desde el shock inicial tras la muerte de esa persona hasta los tres o doce meses posteriores al fallecimiento, cuando se considera que hemos superado la desgracia.

El shock o bloqueo inicial suele incluir un embotamiento de las emociones, apatía o desgana y agitación. Durante las dos semanas siguientes, vamos asimilando la muerte de ese ser querido, lo que conlleva tristeza, dolor y resignación. Más o menos de las dos semanas a los cuatro meses, aparecen síntomas ansioso-depresivos, irritabilidad e inseguridad. Por último, la aceptación de la muerte y la adaptación a la nueva situación ocurre en algún punto entre los tres a doce meses posteriores al fallecimiento, donde recordamos con pena a la persona que ya no está.

Factores que influyen en el duelo patológico

¿Qué factores predisponen a sufrir un duelo complicado o patológico?

¿Qué indica que estoy pasando por un duelo complicado?

Cuándo acudir al psicólogo

Cuando hay señales de que no se está superando la muerte del ser querido como culparse por no haber hecho lo suficiente, tener sentimientos de desesperanza, ira o deseos de morir, estar más irritable de lo habitual, consumir alcohol y/o otras drogas (incluyendo fármacos), notar síntomas físicos como insomnio, falta de apetito, dolores de cabeza y musculares, náuseas o mareos.

Al margen de lo anterior, recomendamos pedir ayuda cuando la respuesta emocional es tan intensa que desborda y no permite continuar con su vida normal.

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